“MOSAICOS EN LA ALDEA DE NOHEDA”.
Autor de texto y fotografías: José Luis Lledó Sandoval.
El hecho de que el
título incluya la palabra mosaicos, para nada implica que esta sea una
publicación más o menos profesional del tema, ya que el autor es médico
especialista en psiquiatría que ejerce la psicoterapia desde una orientación
psicoanalítica y profesionalmente está muy alejado, por tanto, del campo de la
arqueología. El atrevimiento para escribir el texto le viene al autor de la
información adquirida a través de su afición, nacida y fomentada por su
continua presencia en todas las campañas de excavación llevadas a cabo en el
yacimiento arqueológico de Noheda (Cuenca), pero en ningún caso de su
formación. El texto no aspira, por tanto, a nada que no se derive de la
naturaleza puramente observacional de la información, y desde ese lugar desea
expresar el autor su reconocimiento y gratitud a todos cuantos han colaborado
en cualquier modo y manera a proporcionarle esa información, así como a quienes
han trabajado en el beneficio y cuidado del yacimiento arqueológico de Noheda y
de su mosaico, en cualquiera de los niveles de promoción, conservación, y
excavación del mismo, de forma especial a los directores Dimas
Fernández-Galiano, Jorge Vega, Isabel Puche, Aldo Petri y Miguel Angel Valero,
así como a los restauradores Oliva Aceda y Xoan Moreno.
La aldea de
Noheda (Cuenca)
La aldea de Noheda es un pequeño enclave situado en la comarca de la
Alcarria, pero con algunas características propias de la Sierra - que se
encuentra muy cercana - por lo que podemos decir que se encuentra colocada un
poco a caballo entre las dos, aunque geográfica y administrativamente
pertenezca de lleno a la comarca de la Alcarria. Está situada a orillas de la
carretera nacional N-320, a unos 18 Kms.
de Cuenca en dirección a Guadalajara, tiene la categoría de pedanía y pertenece
al término municipal de Villar de Domingo García, en la provincia de Cuenca, su
altitud es de unos 1.000 mts. sobre el nivel del mar.
La
heredad de Noheda perteneció a la Mesa Capitular del Cabildo Catedralicio de
Cuenca, según figura en un documento del Archivo Histórico Provincial que lo describe así: “Teniendo la Mesa
Capitular un territorio por donación de los Sres. Reyes Conquistadores de este
País, a dos leguas de distancia de esta ciudad llamado Nueda en el que
solo se allavan nueve vecinos todos labradores, y renteros de aquella heredad,
que pertenece al Cabildo”. Los reyes que
hicieron la donación fueron D. Alonso el nono y Don Enrique I,
siendo la donación de éste último correspondiente a la mitad de la heredad de
Noheda y librada en el año 1215. Dicha Mesa Capitular disfrutó la
heredad de Noheda hasta el año 1865 fecha en que pasa a manos particulares, con
la Desamortización de Madoz.
En
los documentos depositados en el Archivo
Histórico Provincial de Cuenca relativos a Noheda que datan entre 1466 y
1821 figuran varios pleitos relativos a
pagos de pechos (rentas) y derramas, derechos de vereda, etc., así como
licencias, gastos, y autos de visita. En uno de ellos, celebrado en 1637, se
pretende conocer “el estado que tiene su iglesia y con el hornato y beneración que es serbida y si necesita de algunos repasos en los ornamentos que
tiene...”, también se quiere saber “si el vicario es puntual en administrar los sacramentos y adoctrinar a los
fieles”, así como “visitar la
pila de bautismo para ver si está limpia”. La iglesia, que se dice es de la advocación de la Asunción de nuestra señora, contiene en su sacristía una
serie de ornamentos, que se
especifican meticulosamente en el relato de la visita, así como los nombres de
los renteros, que figuran en número de nueve.
Como
consecuencia de la titularidad eclesiástica, según afirma Braulio Marcos Huerta
en su “Nomenclator de pueblos que han pertenecido a la provincia y obispado de
Cuenca”, “su iglesia era rica en
imágenes bellísimas de talla, en cuadros, y sobre todo en preciosos ornamentos
antiguos de terciopelos, damascos, rasos, bordados y encajes, de los cuales no
ha quedado ninguno, pues todos fueron destrozados y luego quemados, así como
dos hermosas alfombras, fabricadas en Cuenca, y el órgano. Entre los valiosos
objetos de plata que se perdieron, además de 1 custodia, 1 copón, 2 cálices,
crismeras y cruz parroquial, se encontraba un incensario y naveta con el escudo
del cáliz y de la estrella de Cuenca. Todo esto perdido en la guerra de 1936.
Esta aldea pertenece y ha pertenecido siempre a la provincia y diócesis de
Cuenca”.
En el s. XVI, según el Censo Real de
Castilla, Noheda figura como Aldea de la Tierra de Cuenca, con una población de
10 vecinos, de los cuales, 7 son pecheros (renteros), 2 son hidalgos y 1 es
clérigo. En el Censo de Floridablanca, elaborado en 1787, la población que se
le asigna es de 71 habitantes, de los cuales sólo de uno – cura - menciona la profesión. En 1894 figura como anejo de
Sacedoncillo con 104 habitantes de los que saben leer 18, leer y escribir 79.
En 1910 Sacedoncillo tenía una población de 154 personas, 71 varones y 83
hembras. Después continuó perteneciendo a Sacedoncillo, hoy en día despoblado,
y en los últimos años al municipio de Villar de Domingo García, del cual es una
pedanía, que en el censo de 1991 cuenta con una población de 12 personas. En la
actualidad está habitada por un total de 21 personas de las cuales 10 son
varones y 11 son mujeres.
Teniendo
en cuenta los seiscientos años en que la aldea de Noheda fue propiedad de la
Mesa Capitular del Cabildo de Cuenca, no nos debe de extrañar que su edificio
más notable sea la iglesia que, como ya
mencioné anteriormente, está dedicada a la advocación de la Asunción de Nuestra
Señora. En el “Catálogo Monumental de la diócesis de Cuenca” se la describe
como: “Iglesia de dimensiones
reducidas, muros de cal y canto, espadaña de sillería muy apuntada con dos
huecos para las campanas y sobre dos tramos del muro hastial. Magnífica portada
bajo alfiz o cornisa de gola. En la dovela de la clave y en relieve, escudo de
D. Gonzalo González de Cañamares, dentro de rodete de mirto. La puerta de la
época, arco de medio punto con baquetón y junquillo como archivoltas; a la
altura de los capiteles, adorno de flor de lis, atadas las hojas por cordón entre
anillos de moldura, en el baquetón; en el junquillo, capullo de flor de lis sin
abrir. El interior tiene cubierta plana, un arco triunfal divide el cabecero de
la nave y se cubre con bóveda de pañuelo”.
Iglesia
de Noheda (Cuenca)

Portada de la iglesia
Respecto
a los ornamentos se dice que son abundantes, pero nada notable, apuntando entre
ellos una tira de tejido similar al cañamazo, con dibujo de flor de lis atada y
en serie, que se encuentra en el depósito diocesano. En la orfebrería figura un
cáliz de plata lisa y una Cruz de cobre del siglo XV que se encuentra en el Museo Diocesano. La pila
bautismal la describe como de gallones sobre pedestal cuadrado y cenefa de
doble cerco de moldura.
El
citado D. Gonzalo González de Cañamares cuyo escudo figura en la dovela de la
clave parece ser que fue un canónigo que ocupó a finales del siglo XV una de
las casas de Cuenca, hoy conocidas como Casas Colgadas, que era de su
propiedad, como lo testifica el escudo que se encuentra en el interior de la
misma y que se puede observar actualmente en la parte dedicada a oficinas del
Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Una de esas Casas Colgadas era conocida con
el nombre de "Casa del Rey" por haberle servido de hospedaje a un
personaje Real durante su estancia en Cuenca, aunque parece ser que la
verdadera residencia Real fue la Casa de Curato, actual sede del Museo de
Cuenca, o alguno de los edificios que formaban parte de un conjunto residencial
para el recogimiento que allí se había instalado. Su primer dueño, o uno de los
primeros, fue don Gonzalo González de Cañamares, canónigo de Cuenca, al cual el
cabildo otorgó licencia para ir a Roma a ganar el jubileo el 25 de septiembre
de 1500, también conocemos que pasó por Salamanca donde fundó el Colegio de
Santa María de Todos los Santos y el Colegio de Monte Oliuete, en el que el
bachiller Cañamares admitió y recomendó por sus dotes a D. Miguel Muñoz,
natural de Poyatos, que con el tiempo llegaría a ser el 37º Obispo de Cuenca.
El canónigo González de Cañamares murió
siendo obispo de Albarracín. En las casas Colgadas estuvo el Ayuntamiento de la
ciudad de Cuenca desde finales del siglo XV hasta el año 1762 en que se
trasladó su ubicación a la que ocupa actualmente en la Plaza Mayor.
Los
indicios de restos romanos
Desde casi siempre se ha escuchado hablar
de que en la zona de Noheda existían restos romanos, pero sólo se había
informado, en los años cincuenta del siglo pasado, de la existencia de tumbas expoliadas
en lo que parecía una necrópolis a la que se consideraba de la época romana y
algunos restos sueltos de cerámica, pequeños trozos de esculturas, algunas
monedas, municiones para honda, y pesas utilizadas en telares, todo ello sin
concretar y sin datar. Es en los años ochenta de ese mismo siglo cuando, en el
curso de unas maniobras para la construcción de unos encañaos en una tierra de
labor, se descubre un paño de mosaico. Circunstancias de distinta índole que
concurrían en aquella época y que no hacen al caso, aconsejaban que el mosaico
se mantuviese bien tapado y protegido por la tierra que lo cubría, a la espera
de circunstancias más favorables. Sí que se arbitraron entonces las necesarias
medidas para la protección del mosaico, como fueron la suspensión inmediata de
la construcción de los encañaos, así como el cese de las labores agrícolas en
esa parcela, razón por la que se empezó a conocer en la zona a la parcela con
el nombre de “el perdío”. No es infrecuente que primen criterios de
productividad y rentabilidad cuando aparecen este tipo de descubrimientos, pero
afortunadamente no fue así en este caso.

En la fotografía adjunta que pertenece a
la parte geométrica del mosaico de Noheda, se pueden contemplar con claridad
los daños producidos en el mismo por las rejas del arado, y no nos resultaría
demasiado complicado inferir cual podría ser el estado actual del mosaico, en
el caso de que se hubiese continuado cultivando el terreno a lo largo de los
últimos veinte años. No debemos de olvidar que la potencia de los tractores
actuales, así como el tamaño, peso y solidez de los aperos, permiten remover la
tierra a una profundidad mucho más grande que la conseguida entonces. La
fotografía corresponde a la cuadrícula E-3, pero en otras también aparecen con
bastante claridad daños atribuibles al normal cultivo de la tierra, hasta el
punto de que podríamos decir que en lo descubierto hasta ahora los mayores
daños son debidos a ese motivo, especialmente en la zona sur de la excavación,
en la que el mosaico aparece a ras con la superficie de la tierra.
Sin
embargo los daños derivados del uso del arado, que indudablemente se impidieron
al dejar de labrar, crearon un peligro no menos dañino, pues con el transcurrir
del tiempo, al permanecer sin cultivar la parcela, empezaron a proliferar en
ella diferentes especies arbóreas: carrascas, enebros, etc., la mayor parte de
ellas con la intención de transformarse - con el tiempo - en árboles de gran
porte. Sus penetrantes raíces buscando infatigablemente sustancias con las que
nutrir su existencia, que en un principio son sólo unos inofensivos filamentos,
cuando van adquiriendo cierto grosor, alcanzan también un gran poder
destructivo que afecta tanto a mosaicos, como a las estructuras.
En el año 2004 el Dr. José Luis Lledó
Sandoval, propietario de algunas tierras en la aldea de Noheda, compró una
parcela agrícola que lindaba con las suyas, en las que se tenía noticia de la
existencia de algunos restos de la época romana. Tras ponerse en contacto con
técnicos arqueólogos y autoridades locales, autonómicas y nacionales, consiguió
que se emprendiese una primera campaña de excavación en el invierno del año
2005 en la que se descubrieron unos 60 m2 de mosaico romano en el que se podían
diferenciar con claridad tres
partes:

Vista del mosaico descubierto en la primera campaña de excavación.
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