El pasado 23 de junio se publicó en INFOCOP (Revista de Psicólogos) la siguiente noticia:
“Alto riesgo de suicidio en pacientes asmáticos: los pacientes asmáticos presentan una tasa significativamente más alta de pensamientos y conductas suicidas frente a la población general. Éstas son las conclusiones extraídas de una investigación publicada recientemente en Annals of Allergy, Asthma and Immunology […] El análisis de los resultados mostró una relación significativa entre asma y la forma más grave de suicidio (pensamiento suicida con intento autolítico)…”
El artículo citado busca la causalidad de esta correlación en el consumo de tabaco, la presencia de lo que llaman cogniciones distorsionadas y el malestar diario de estas personas, factores que acaban “afectando notablemente a su calidad de vida y a su estado de ánimo”.
La clínica infantil nos presenta el asma como una de las primeras manifestaciones psicosomáticas del sujeto, apareciendo a menudo durante el primer semestre de vida. Se trata de una patología que se manifiesta concretamente, no lo olvidemos, en la exhalación, momento peligroso y el más intolerable de la respiración, puesto que al expulsar el aire creamos un espacio afuera (para Winnicott, el hábito de los niños pequeños de arrojar objetos implica un trabajo subjetivo motivado por la necesidad de crear un afuera), agujereando con nuestro hálito el mundo externo (como dijo R. Rodolfo, nacer es agujerear en todos los sentidos, atravesar) para ocuparlo y diferenciarnos de la madre. Se entenderá así la relación del asma con el nacimiento, con la dificultad para nacer como sujeto, y la relación entre la dificultad para lograr una respiración autónoma y la dificultad para nacer a la diferencia. Y al no poder hacerlo, uno se ahoga. Los fóbicos a su vez, atrapados en el útero materno (Green), bien saben que lo primero que delata su angustia es la alteración de una respiración que deja repentinamente de ser autónoma. La asfixia acecha al asmático al haber perdido la autonomía respiratoria en una respiración en la que se juega a cada instante, a cada exhalación, el ser y el no ser. Y en la medida en que acaba predominando el ser: la culpa (Sami-Ali) que yace en el asmático grave por el mero hecho de existir ‘fuera de’, por un simple deseo de autonomía no legitimada.
Esta noticia acerca de la mayor tendencia suicida de los asmáticos, nos haría pensar en cómo en un determinado momento vital de un asmático grave pueda deshacerse este frágil equilibrio entre la culpa y la impotencia por el ser, transformando esa dificultad para la exhalación en pulsión tanática que le lleve a buscar otra suerte de expiración final.
No hacemos sino apuntar aquí la intrincada relación entre psicosomatosis y psicosis, como las dos caras de una misma moneda en torno a la dificultad de nacer a la diferencia. Si en ésta lo imaginario inunda lo real, sustituyendo la realidad externa por la realidad interna, en aquella se conjura este riesgo, el del delirio, adoptando el mecanismo opuesto: un borramiento paulatino de lo imaginario, de la subjetividad, y una adaptación operatoria (P. Marty) a lo real que propicia que la destructividad comience por el cuerpo mismo.
Jorge Pernía. |