Reseña del libro “Lazos de sangre” de Lola López Mondéjar.

Es “Lazos de sangre” un libro de relatos. Comenzaré esta reseña dicendo que los relatos siempre me parecieron historias cercenadas, viñetas de una historia mayor no contada y siempre quedé con ganas de más, ¿deformación profesional? ¡Quizás!.

Pero, ¿Recuerdan el cuento hipercorto de Monterroso, aquel que decía “Y cuando desperté el dinosaurio seguí allí.” A uno se le dispara con él la imaginación y querría poder leer la novela completa… y no solo una viñeta, esa es la virtud de los relatos y cuentos, disparar la imaginación, poner en marcha el motor de la construcción y evidentemente como el cuento acaba uno tiene que poner de su propia cosecha y ahí entramos realmente en juego como lectores, dado que cuando imaginamos lo hacemos desde nuestra propia historia, con nuestros propios fantasmas.

Pues bien, eso hace el conjunto de cuentos que Lola López Mondéjar nos propone. Un conjunto de cuentos atados por un cordón rojo. Ese cordón rojo es además un lazo que a todos nos une: los lazos de sangre, de familia, de aquellos con los que tenemos una historia compartida. Así que no imaginaremos cualquier cosa, imaginaremos en función de nuestra propia cadena familiar. Y nunca es un trabajo fácil pensarnos en esa cadena de sangre que nos da la vida y que, a veces, nos ata.

Antes de empezar a leerlos surge una asociación que hizo nuestra común amiga y colega Rosana Lopez Sabater, que seguro que mi amiga Lola ha hecho, consciente o inconscientemente. Existe un libro de Jessica Benjamin que se llama “Lazos de amor” y que Lola conoce bien. Es un texto psicoanalítico de una pensadora potente que no deja indiferente y que habla, como no, de los lazos familiares, como Lola.

Y en un bucle moebiano, en referencia a la banda que lleva su nombre, voy a dejar que sea Antonio Campillo, amigo de Lola y que conoció a Jessica Benjamin por recomendación de ella, quien con sus palabras defina a aquella autora:

“La tesis de Jessica Benjamín es que las relaciones de dominación afectiva y sexual entre hombres y mujeres son tan poderosas y tan difíciles de combatir porque en ellas se entremezclan el poder y el deseo, generando un vínculo de complicidad entre el dominador y la dominada.”

Primera puntuación entonces que podríamos hacer en relación a los cuentos que nos ocupan: Vamos a leer, nos vamos a encontrar en los cuentos de este libro con relaciones de poder y deseo, de complicidad y dominancia.

Continúa Campillo:

“Este vínculo sado-masoquista tiene su origen en las relaciones de dependencia que ligan a los infantes con sus cuidadores desde el momento del nacimiento y durante los primeros años de vida. En estos primeros años, se forja un tipo de relación afectiva que está influido por el modo en que actúan los adultos (hombres y mujeres) entre sí y con sus hijos, y que luego se reproducirá cíclicamente en las relaciones entre adultos y entre éstos y sus hijos. “

Segunda puntuación: forjados desde la infancia llevamos anudados en nosotros algo que, o cambiamos, o reproducimos cíclicamente, Lola nos habla también de ello.

Y termina el filósofo:

“Por eso, Benjamin considera que es necesario no sólo modificar la relación entre hombres y mujeres adultos, haciendo que sea más libre e igualitaria, sino también establecer otro tipo de relación con los hijos, ayudándoles desde el principio a encontrar el equilibrio entre la afirmación de la propia autonomía y el reconocimiento de la autonomía de aquellos a quienes aman y de los que dependen”.

Puntuación final y más importante: en nosotros está, de nosotros depende, que esa cadena de vínculos sado-masoquistas varíe. En nosotros está la posibilidad de pasar a las generaciones que nos siguen más o menos autonomía, más o menos libertad e igualdad. Sé que Lola aceptaría esto sin dudar.

Me sumerjo entonces en su lectura, acompañando a mi amiga y autora por una cadena de historias que hablan de madre e hija, de padre e hija, de madres y secretos, de hijos valientes y padres cobardes como fue siempre y a la inversa, de madres visionarias como también siempre lo fueron, de deseos y temores, de ciudades vividas o visitadas, de personajes vivos que asumen su destino apropiándoselo, de los secretos de los padres, de su vejez que será la nuestra… y para acabar, el asesinato, nada parece arredrar a la escritora, nada queda fuera de su alcance y su reconocimiento, y nos lo sirve en bandeja de plata, con una escritura límpida y traslucida.

Salgo de la lectura anonadado, golpeado, no por los cuentos, que también, sino del modo en que resuenan en mí, lector, y que me hacen poner en marcha la maquina de imaginar, la maquina del “me acuerdo” y del “…y entonces” trasladándome desde mi más lejano pasado a mi próximo e imaginario futuro.

No son fáciles los cuentos de Lola, no son cuentos complacientes, percuten en uno y lo disparan a su propio interior.

Acaba Lola con un pequeño elenco de cortos cuentos que ya no parecen estar atados por los lazos de sangre, por lo menos en sus dedicatorias, sino por el de las afinidades, por la elección, y en ellos las parejas aparecen en su elección tan fijas como las familias, sino más, si uno no resuelve antes, y ¿quién lo hace del todo? los lazos de sangre que le ataron.

Es aquí donde Lola nos propone que hay vida fuera de la familia, más allá de esa institución no elegida es posible entonces elegir con quien queremos compartir y, al final, uno queda con la sensación de que de eso se trata en los cuentos de Lola, en los anteriores también, eso que yo no puedo dejar de leer como una novela, una novela que nos muestra lo hondo del alma humana en relación, con los de sangre y con los de elección, para terminar construyéndose en mi mente la idea de que en uno o en otro caso siempre tenemos elección, si nos atrevemos a asumir nuestros actos, sin sumisión, en equidad con la vida que nos toca vivir, asumiendo sus riesgos y sus modos, elegimos, siempre elegimos.

Y si en “El pensamiento mudo de los peces”, anterior libro de relatos de Lola, había que adivinar por debajo de las palabras el pensamiento que las animaba, aquí el ejercicio es el inverso, y nos resulta difícil acallar todas las voces que los cuentos nos despiertan. En esta ocasión los peces hablan y recuperan la memoria y cuentan lo que les pasa, y se plantan ante nosotros pidiéndonos que continuemos las historias con nuestros propios mimbres.

Todos ellos, todos los cuentos, conectan con el trasfondo de cada uno de nosotros para dolernos en su afinidad y permitirnos pensar que tenía razón Jessica Benjamin, que hay que “ayudar a encontrar desde el principio el equilibrio entre la afirmación de la propia autonomía y el reconocimiento de la autonomía de aquellos a quienes aman y de los que dependen” y que eso no termina nunca, ni en ellos ni en nosotros, ese trabajo interminable es el que nos salta una y otra vez a la cara con los cuentos de Lola López Mondéjar.

Con ellos tendremos que hacer trama que permita eso que nos recuerda S. Tisseron y que planteaba, en relación a que: “aquello indecible en una primera generación se transforma en un innombrable en la segunda y en un impensable en la tercera. La idea es que aquello que no puede ser nominado por una generación, no puede ser representado verbalmente en las generaciones siguientes imposibilitando el proceso de historización simbolizante.”

Digamos entonces, con él, que las cosas para que se pueda pensar deben ser dichas y no acaben siendo innombrables y luego impensables, digamos aquello, no lo callemos, permitamos que las generaciones siguientes no carguen con el fardo de un pasado no digerido.

Creo que ese es el compromiso de Lola, el compromiso de no callar, de intentar decir lo indecible, para que no se convierta en innombrable y acabe siendo impensable. Creo que ello está en el espíritu de Benjamin y de la mutualidad necesaria que tanta falta nos hace.

Agradezco entonces estos duros cuentos que muestran el lado del alma que los psicoanalistas tratamos (fallidamente y con acierto escribí tramamos) con nuestros pacientes para que puedan hablarlo y asumirlo. Lola elige la literatura como camino de cura en ellos, no es mala aliada y por supuesto no es algo que los psi despreciemos, sino todo lo contrario, la creatividad siempre fue aliada de la cura y esta no fue nunca sin esfuerzo y dolor; Lola nos muestra que “eso que no puede decirse, no puede callarse” y en ese intento de decir nos arrastra en nuestros propios decires.

Y para acabar les animo a sumergirse en ellos, no se los pierdan, se lo agradecerán.

Pablo J. Juan Maestre.

Miembro Didacta del CPM.

pjjuanm@yahoo.es